Viajar en tiempos de selfies

Por Kat Bordeline

Lo que más nos importa es contarlo y para ello, ahora, tenemos las redes sociales

Algún punto geográfico, 15 de agosto de 2019. Viajar es una experiencia única y deseada por muchos. Existen diferentes motivos por las cuales queremos tomar nuestras maletas y embarcarnos a lo aún desconocido, ya sea por placer, trabajo, renovación o sin razón aparente (o indecible), tomamos la decisión de irnos y aventurarnos, tengamos la intención de regresar o no.

¡Y aquí vamos!

Descubrir nuevos lugares, adentrarse a terrenos desconocidos y conocer gente y culturas nuevas son experiencias inherentes al realizar un viaje. Ya sea que salgamos a conocer otras ciudades de nuestro país o incluso otras naciones, no cabe duda que esto provoca en nosotros emociones difíciles de olvidar y momentos que llegaremos a guardar en “nuestro corazón”, y en otra ocasiones (espero que no), incluso a odiar.

 

De acuerdo a Alain de Botton, escritor suizo nacido en 1969, viajar le sirve para “analizar la -a veces- estéril búsqueda de la felicidad que encierra el viaje”. En su último libro, El arte de viajar,  nos dice que “viajar encierra siempre un gran problema: nos tenemos que llevar a nosotros mismos”, y es ahí cuando nos damos cuenta de lo que queremos y lo complejos que somos.

 

 “El viaje muestra nuestra propia complejidad. Parece un asunto trivial, pero no lo es. En él se encierra nuestra búsqueda cotidiana de la felicidad”.

Alain de Botton

 

Pero, en pleno siglo XXI, inmersos en el constante desarrollo tecnológico ¿es posible descubrirnos tal como somos? ¿Viajar nos enlaza con nosotros o sólo estamos virtualmente conectados? ¿De verdad disfrutamos el viaje o sólo viajamos para disfrutar las fotos?

 

Actualmente, a la mayoría de las personas les es imposible imaginarse una travesía sin el acompañamiento de algún dispositivo que le permita la conexión a internet, y por ende a las redes sociales. Así, de una experiencia única e irrepetible, lo que más nos importa es “contarlo” y, a veces sólo esto.

¿Cómo lo hacemos?

¡Las redes sociales, nuestras aliadas!

A estas alturas, todos sabemos lo que es una selfie pero, por si caso, cabe decir que el diccionario Oxford la define como “una fotografía que se hace de uno mismo, normalmente hecha con un smartphone o una cámara web y es compartida a través de las redes sociales”, y se extiende con el siguiente ejemplo: “Los selfies puntuales son aceptables, pero publicar una foto tuya cada día no es necesario.” 

 

Poco a poco vamos dejando de lado el lenguaje oral, para pasar al visual y el virtual. Vivimos hiperconectados, cada día se comparten millones de fotos en las diversas redes sociales, nos “encanta” recibir likes y ser reconocidos en la sociedad virtual, nuestras selfies no son solo para nosotros mismos, sino para todos los demás que pueden apreciarlas.

 

Buscamos ser reconocidos y el viajar pasa de ser una experiencia personal -única- a ser un “anuncio de nuestra felicidad”; la búsqueda de la foto perfecta va condicionando la manera en que viajamos, y en algunas ocasiones, los lugares a donde vamos. Algunas personas ya no quieren viajar para conocer, pareciera que ahora lo quieren hacer para presumir y tomarse la foto de rigor.

 

Así, los nuevos viajeros al compartir las fotos ¿buscan provocar envidia, anhelo, admiración de lo que antes era un recuerdo? ¿Se necesita una prueba de que ha sucedido?

Las fotos son hermosas, como bien sabemos, todo un arte, y con este artículo no busco juzgar a nadie, hablo de realidades. Conforme pasa el tiempo, cobra más fuerza la frase de Godfried Bogaard, experto en redes sociales, quien asevera que “en el pasado, eras lo que tenías. Ahora eres lo que compartes”.

¿Quién eres tú?

¿Hasta qué punto compartir miles de fotos en redes sociales “es normal”?                                              No sabría decirlo, al final de cuentas, uno de los objetivos con el que han nacido varias de éstas, es precisamente compartir fotografías, ganar seguidores y ser admirados o reconocidos por esta realidad virtual.

 

Pero, ¿de verdad somos felices? ¿estamos disfrutando realmente los lugares a los que viajamos?

 

Tampoco lo sé (sin embargo, lo dudo). En mis reciente viajes pude darme cuenta, e incluso sumergirme en ello: las personas, en su mayoría, no se conectaban con el lugar en donde estaban, lo hacían con sus dispositivos móviles para compartir su experiencia en redes, ya que si no estaba ahí, oficialmente aún no existía.

 

Algunas otras veces, la imperiosa necesidad de ir a un lugar hermoso o reconocido era para decir “hola, mírenme, YO estoy aquí”, para después desaparecer y avanzar al siguiente lugar de interés, sin apreciarlo, sin vivirlo realmente. En algunas ocasiones ni siquiera importaba saberse el nombre del lugar, sólo escribirlo bien, para no equivocarse a la hora de postearlo.

 

¿Una, dos, tres, cien selfies necesarias?

 

Pareciera que las fotos de nuestros viajes han pasado de ser recuerdos para uno mismo y nuestros allegados, a ser evidencia para todos los demás. Ahora, un viaje sin fotos, no es un viaje. Pero nos olvidamos que la vida solo sucede una vez, los momentos también, no se pueden preparar, y repetir una y otra vez de la misma forma que producimos nuestra “evidencia” perfecta de todo lo que estamos haciendo y logrando.

 

Creo que estamos perdiendo nuestra capacidad de asombro, de apreciación, y no comprendemos el valor real de los momentos, de los lugares, de las personas. ¿Cuál es la esencia de las cosas? ¿Somos conscientes de la fugacidad del tiempo?

Benditas y malditas redes sociales.

Hay una gran diferencia entre disfrutar y aparentar. Que no se nos pase la vida tratando de dejar constancia a los demás de todo lo que “vivimos”. 

Post Author: Marcando Trayectoria

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